Soltarse…aprender a utilizar la llama violeta.

Estamos aquí para aprender. Lo has escuchado muchas veces y aún tienes dudas. Te sostienes de las culpas como el único remedio constante para mostrar cierto arrepentimiento de tus acciones pasadas. Hiciste daño y no hay nadie más severo en el mundo como tu propia conciencia de que el daño que has hecho parece ser la enorme barrera que se levanta ante ti para evitar que sigas caminando. Nadie la sitúo ahí, nadie, excepto tú. Dices que te hicieron el mal de ojo, que te aventaron una brujería, que la envidia de los demás está provocando tu mala suerte, cuando en realidad, tú solito te pusiste en esa situación. Puedes hablarme del karma y yo puedo indicarte que incluso el más santo de la tierra ha tenido que hacer algo negativo para aprender. Observa la historia, no me creas, tú mismo lee algún pasaje de la historia y verás como hasta el santo de los santos tuvo que hacer sufrir a alguien para conocer más de cerca a Dios.

¿Cómo es posible? Quien tiene conciencia tiene sentido de culpa pero mantenerse culpable no resuelve ningún problema sino lo agranda. ¿Soltar la culpa? Es posible que aprendamos a liberarnos de la culpa cuando encontremos la lección detrás de ella. Mi padre es psicoanalista y siempre indica lo siguiente: la culpa siempre busca un castigo. Ahora, el ser humano tiende a ser creativo a la hora de castigarse, busca remedios intensos que ni siquiera Dios puede imaginar verter sobre nosotros. Cuando miramos con atención y volteamos a ver que la persona a quien hemos lastimado ha superado nuestra herida, es cuando nos enojamos mucho pretendiendo que el castigo al que nos sometimos tuvo que ser un error. Así lo fue.

No podemos cambiar el pasado pero podemos hacer mejores elecciones en el presente, aprender que aquello que hicimos en el ayer fue sólo una lección y depende de nuestro poder de discernimiento para elegir otra forma de realizar la misma tarea que no cause daño a nadie y mucho menos a nosotros mismos. Ese es uno de los rostros feos de la culpa: que reaparece en nuestras vidas utilizando otro disfraz y quizá dentro de un nuevo escenario. ¿Qué decisión vamos a tomar al respecto? ¿Hacerlo de la misma manera o tratar de ver la lección dentro de la antigua experiencia y cambiar el modo de abordarla?.

Recuerdo que una ocasión estaba meditando. Regresé a mi pasado de adolescente rebelde y recordé los errores, muy severa conmigo misma también creí observar el resultado de mis acciones y la manera en que estas regresarían a mi presente o a mi futuro. El escenario era muy negro. Voltee la mirada a Dios y con cierto tono de reproche le dije: “Existe algo que no entiendo, si Tú ya me perdonaste. ¿Por qué vas a permitir que se me regresen los pensamientos negativos que tuve?”. Cerré los ojos hasta notar una nube de color violeta justo en el tercer ojo. El brillo era intenso. Observé que la opción era mía: continuar recriminándome o aceptar que Dios ya me perdono, entonces dentro de Su perdón también existe la renovación de mi actitud entorno a la situación que se puede presentar en el futuro.

La llama violeta nos ayuda a confiar en el perdón de Dios. Muchas veces somos nosotros quienes continúamos recriminando nuestras acciones pasadas o surgen eventos donde otras personas nos recuerdan “esto” o “aquello”. Trabajar con la llama violeta nos ayuda a fomentar nuestro propio proceso de transformación y cambio. Es una alternativa, una manera de eliminar los rastros del pasado donde pudimos lastimar toda clase de vida y a vida me refiero a todo: animales, insectos, plantas, elementos, entidades y obviamente personas. Cuando decretamos afirmaciones con la llama violeta, podemos obtener la noción del verdadero significado de la culpa y trabajar con el perdón garantiza olvidarnos del pasado y ayudar a otros a que olviden el daño que pudimos haberles causado. Ese es el remedio; dejar a un lado la noción de que existió un pasado porque mientras más pensemos en ello, más lo invitamos a entrar en nuestras vidas. Dios desea que todos nuestros sueños se hagan realidad porque detrás de ese deseo, existe el propio deseo de Él mismo de manifestarse a través de su creación más sagrada: el ser humano. Lo que lo detiene es la culpa, el remordimiento, el odio y la envidia. Al trabajar con la llama violeta vamos despertando el polo opuesto, que no es sino tranquilidad, perdón, amor y aceptación. Es transformar. No podemos abolir los sentimientos porque están dentro de nuestras células pero podemos transformarlos para bien y al hacer esto no puede sino llegar el bien a nuestras vidas.

La misma porción de energía y tiempo que usas para reprocharte el pasado y tus malas elecciones, puedes utilizarlo para verificar la lección que aprendiste. El pasado ya no tiene ningún poder sobre ti al ser automáticamente borrado de tú actual existencia. Has pedido perdón por el daño que cometiste, has perdonado tú también el daño que se te hizo. Has aceptado que no importa lo que ocurrió siempre eres libre de elegir.

Les envío muchos saludos y mucha suerte para este comienzo del otoño. Recuerden: Den gracias por todo lo que han cosechado en este año. El otoño es tiempo de observar el adelanto de su espíritu, de confiar en el proceso de la vida. Todo se mueve. El estancamiento no existe. Nada es estático.

 

Enchanted Orb

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