Los cambios del mes de noviembre…¿Cuál es el tuyo?

¿Serán los planetas? ¿Los signos del zodiaco? ¿La invasión de Plutón que afecta y acelera los cambios dentro del ser humano?. A veces no nos damos cuenta. Los días pasan inadvertidos, transcurren en etapas repetitivas, los ciclos y la transformación siempre se dan en temporadas exactas, depende de nosotros que aprendamos a observar y actuar de acuerdo a nuestra propia necesidad de realización.

Algunas personas son más sensibles que otras, en mi caso, creía que justo el día en que el sol entraba en el signo de escorpión, llegaría el tiempo en que tendría que escuchar más de cerca la voz de mi alma, resurgir entre los escombros de mis miedos y atreverme a hacer cualquier cambio que fuera necesario para acercarme un poco más a la felicidad. Creí que sólo era yo, hasta que fui escuchando más y más historias de muchas personas que también experimentan el signo de escorpión como una invitación para resucitar sus sueños y decirle adiós a lo que evita que se manifiesten.

Hay que aceptar los cambios como parte de la vida. Te puedes vestir de negro representando un duelo dentro de tu corazón. Algo se muere que es imposible resucitar, algo resucita que es imposible matar. Hay que entregarle una ofrenda a la temida muerte, permitir que nos ilumine aquella área que nos es muy díficil eliminar y dejar un hueco para permitir que algo nuevo nazca de aquél dolor. A veces germina una rosa blanca representando la inocencia. ¿Cómo? Sí, cuando en realidad desechamos un recuerdo de nuestras vidas, no existen ofensas ni resentimientos. Cortas de raíz. Acabas con el asunto y vuelves a confiar como los niños: tu mente se libera. No existe tampoco el deseo de venganza, la ansiedad por continuar aquello, el miedo por ser herida se disuelve porque sólo queda la experiencia. Sabes que hay una cicatriz en tu corazón, que le falta un cacho pero ignoras de donde proviene. Aprendes lo que tienes y lo que no tienes que hacer pero jamás encuentras el modo de vengarte de nadie porque no hay acción que vengar. Esa es la muerte: quedarte temblorosa un rato, aprendiendo a razonar contigo misma sin aquello que en apariencia era bueno, buscando entre los escombros que quedan de ti el latido de tu corazón. Lo bueno es que lo encuentras y te sientes parte de la vida que continúa caminando y no renuncia jamás a ti.

Siempre estamos experimentando algún tipo de muerte. Los fragmentos que quedan de nosotros nos indican de cuántos vacíos estamos hechos. Es normal que se busque aferrarse a algo, tratar de imponernos algo o alguien incluso aún cuando en el fondo queremos estar en otro sitio y amando a otra persona. El vacío es tenebroso y la salida no parece ofrecernos mucho. También pensamos en que hemos entregado tanto de nosotras mismas para terminar con las manos vacías. Las formas y los conductos pueden cambiar, pero el amor nunca se puede perder. Todo ese amor que diste no se perdió, se recicla en otra persona que también tiene la oportunidad de ofrecerte lo mismo que tu das. Hay que ser pacientes y aprender a reconocer las señal que se nos dan. Muchas veces continuamos aferradas a alguien porque no soportamos el que se burlen de nosotras, aún cuando nosotras mismas nos ofendemos al reincidir en una relación que no nos brinda más que migajas del verdadero significado del amor. En lugar de vivir como emperatrices y emperadores que somos nos reducimos a andar de limosneros. ¿Tan grande es la caja de recuerdos que traes cargando sobre tus hombros y te resistes a soltar por temor a quedarte sin nada? ¿Qué existirá detrás de ese enorme muro? Sería interesante mirar hacia delante, interrumpir un poco la rutina y pedirle al universo que nos muestre qué sería de nosotras si tan sólo nos atrevieramos a mirar un poco más allá de nuestras limitaciones.

Mientras que algunos amores agonizan, otros resucitan. Ese es uno de los tantos rostros de la muerte: aquello que creíamos muerto, llega para encender de nuevo nuestro corazón. El resentimiento se muere, se libera un espacio en el fondo de nosotras mismas y un retoño del amor comienza a germinar. La pasión perdida, el deseo de terminar una relación, el dolor mismo, va muriendo. No queda nada más que la libertad de decidir amar a la misma persona después de haberla perdonado.

Aquella flojera por hacer lo que siempre quisiste hacer pero que crees no poder, empieza a picarte en las noches, a recordar la existencia de tu deseo, a decirte que con un poco de empeño y determinación, todo es posible. Te levantas a media noche, miras el reloj, sientes nostalgia, algo te recuerda que los sueños están en nuestra mente porque tenemos el potencial de convertirlos en realidad. Lloras de impotencia, el vapor de la muerte te envuelve susurrando al oído: “Permite que me lleve aquello que no quieres soltar, déjame entrar más adentro, desenterrar aquella experiencia y llévarmela” Has estado con ese trauma durante mucho tiempo y es obvio que duela arrancarlo de ti, por eso el insomnio, las lágrimas disfrazadas de cambios hormonales, la lucha para evitar el bombardeo de imágenes, el desprecio hacia ti misma, la autocompasión… finalmente te rindes, es inútil luchar contra algo que es mucho más grande y potente que tu. “Llévatelo…pero déjame en paz” Lo sueltas.

El consejo de Enchanted Orb:
No te resistas a los cambios, mejor aprende a aceptarlos. Son parte de la vida. Aquello que sientes que esta terminando durante este mes del signo escorpión es donde hay que prestar mayor atención. Centra tu fuerza en aquello que tus deseos están tratando de decirte. Todo es posible, no existe nada dentro de ti misma (o) que sea imposible crear. Si existe en tu mente, es porque puede hacerse real. En Enchanted Orb creemos en algo: El cielo es el limite y nos esforzamos por mostrarlo.

Celebra este mes de muerte. Permite que aquello que quiere morir dentro de ti, lo haga. Incluso festeja la muerte, baila con ella, déjate liberar por ella, brinda por aquello que está muriendo. Recuerda que el universo detesta el vacío, cuando una ventana se cierra, otra se abre.

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