Va de nuevo…hablemos del perdon

Hablemos del perdón. Sí lo sé, lo han escuchado todo el tiempo. Suena fácil, resulta difícil lograrlo. No es imposible, de ninguna forma lo es. Liberarnos es dejar a un lado la constante actitud de víctima y beneficiarnos de la bondad de Dios y del Universo entero.
Perdono pero no olvido. Entonces ni lo digas porque mientras finges una sonrisa conmovedora con el que “daño” tu autoestima y pisoteo el ego, bien sabes el sufrimiento que existe dentro de ti y que se aloja como una solitaria en tu intestino.
La realidad es que nadie se da cuenta de tus heridas, nadie humano, a menos que las expreses abiertamente y digas que detestas a fulano de tal porque te quitó un poco de lo mucho que traes dentro. Sí, se llevó un pedazo de ti, te volviste más audaz, ya no piensas como un niño porque tu niño interno está enojado, furioso, hay que ayudarlo a salir de su escondite y permitirle entrar en la vida como un triunfador.
¿Saben qué es lo más triste de todas las culpas y resentimientos? Las que se presentan contra nosotros mismos. Ya hemos olvidado lo que los demás nos han hecho pero ellos no olvidan lo que permanece también oculto en sus corazones, aunque tú olvides, parece que la sombra de tu culpabilidad siempre va a estar amoldándose a tus nuevos proyectos, aplazándolos…vas a cometer cualquier estupidez para sentirte que siendo tan malo. ¿Cómo la vida puede ofrecerte algo bueno? ¿Cómo si hiciste esto o aquello a tus padres, a tus hermanos, a tus amigos, a tus hijos? ¿Cómo? No voltees a ver a Dios y decirle que tenga misericordia de ti y a preguntarle los motivos que tiene para castigarte con tanta crueldad. Mejor pregúntate a ti mismo porque eres tan cruel contigo y eliges los peores castigos para demostrarle a los que has ofendido en el pasado que todo puede estar bien…pero…no lo está porque todavía te castigas. Un ejemplo. Omito nombres. Hay una mujer que admiro mucho porque su corazón está limpio e intentó demostrar que se puede cambiar y que la vida está llena de lecciones donde desafortunadamente otros sufrieron mientras ella aprendía a vivir. Lo peor que le puede suceder es subir de peso (algunas de ustedes me comprenden porque es preferible evitar la báscula a identificarte con el aterrador número) Heredó de alguno de sus padres depresión. Decidió enfrentarse a la vida y permitirle a lo divino que le ayude a realizar sus sueños, se casó con un extranjero, él la ama profundamente, su vida no puede ser mejor. La mujer se castigó aumentando de peso, por más disculpas que se dijera a sí misma, llámese compulsión, la edad, los hijos, lo que sea, el efecto de los antidepresivos, no fue sino hasta que se miro en el espejo y trató de mortificar a Dios. ¿Por qué me haces esto? Mi vida es casi perfecta, ilumíname Señor. ¿Es acaso porque tengo diabetes? ¿Será la tiroides? ¿Qué trago como elefante? De seguro es una enfermedad, de lo contrario, no estaría así. Evitaba a toda costa mirarse en el espejo, le dolía y al dolerle, lo evitaba, como si no existiera al fingir desviar la atención. O simple y sencillamente porque no se puede tenerlo todo. La imagen en el espejo notaba contrariedad, los ojos permanecían llenos de agua. Dicen que no existe nada que Dios te niegue. Le llegó la iluminación. Escucho dentro de sí una voz que permanece siempre ahí, con ella, en el interior.
– No le eches la culpa a Dios. Ni siquiera puedes ofrecerle el martirio que estás representando con tanto éxito. Tu drama es, perdón por decirlo, la manera en que te castigas. Dios no te haría eso pero la culpa sí. Tú solita eliges el castigo que más te afecta, que puede llegar a arruinarte el día.

¿Te has puesto a imaginar cómo sería tu vida sin el fantasma de la culpa y el resentimiento contra ti misma? ¿Cómo te castigas? Ya eres mayor de edad, no tienes a tus padres que te guardan para no acudir a la fiesta por motivos de mal comportamiento. La mujer le echó la culpa a los antidepresivos cuando estos la mantenían equilibrada. ¿Pueden observar que tan culpable se siente que incluso le dio un poder que no contiene la fórmula al medicamento? De hecho el medicamento ayuda a controlar el apetito y en ella actúo (según esto) al revés. Botó las pastillas y regresó la inestabilidad. Eso sí es ser poderosa, agregar un elemento químico invisible para alejarse de los antidepresivos y volver a sentirse miserable, deprimida, ausente.
Algún día me comentó que tenía miedo de volverse exitosa porque podía ofender la sensibilidad de los otros, porque en el fondo de ella misma sentía hacerles ver que comportarse de forma inmadura durante su crecimiento (adolescencia y adulto joven) es el mejor ingrediente para después llegar a tener éxito, cuando no era cierto. Me confesó que sus familiares decían que quizá no vale la pena ser buena porque no sirve de nada. Mucha gente se preguntaba por qué a ella le iba bien cuando su vida anterior no fue virtuosa, sino escandalosa. Ella les pidió perdón a todos y creo que fue sincero su arrepentimiento. Pidió perdón muchas veces, tantas, que en la última decidió dejarlo a Dios porque en cada pelea o discusión siempre salía a la luz lo mal que se portó en el pasado y lo mucho que hizo sufrir a sus padres y a sus hermanos.
¿Increíble? No. La culpa tiene un poder similar al del perdón, sólo que son opuestos. La vida trató de mostrarle a la mujer que no había más que perdonar, que todo estaba montado para que ella aprendiera a compartir sus experiencias, que se valora más un alma que parece perdida y al final recuerda que es luz a una que toda su vida trata de evitar la oscuridad y no llega a mostrar su potencial por completo.
Si tu vida no es plena, observa bien cómo te castigas para negar la verdadera naturaleza de la existencia. ¿Qué es lo que más te duele? ¿Qué te gustaría deshacer para ser feliz? ¿Sabes algo? Cuando descubres a Dios no puedes sino permanecer con la boca abierta de la impresión que te da notar el parecido con tu misma esencia. Dios es alegría, abundancia, bienestar, salud, conocimiento, gozo, todo lo que te pone triste, no es de Dios. Antes creía que Dios preguntaba, a ver, con todos esos pensamientos negativos y con todo ese daño que te haces. ¿Por qué me castigas? Olvidé que Dios no es ninguna víctima, que su existencia es plenitud y que los patrones morales que escribieron en la antigüedad son para poner un orden entre los humanos. Dios no te castigaría porque no podría llegarle a la manera en que tú misma (o) lo haces. Puede ser desde lo más sencillo hasta terminar en la cárcel, no importa que tan pequeña parezca tu dolencia, perdónate, hazlo por tu bien, no consideres a los demás, no andes penando porque no le ayudas a nadie y créeme, lo que el mundo necesita es orientación, es una luz que aprende a brillar sin el opaco reflejo de la culpabilidad. Si a los demás les parece injusto que te hayas perdonado y ahora tu vida resulta toda una serie de eventos increíbles. Déjalos, que hurguen donde sea, en el hoyo más oscuro para observar el más mínimo detalle de fracaso que puedas estar viviendo. Que no te importe, no hagas caso. Hazle caso a tu corazón, a tu propia alegría, de lo contrario, vas a continuar expresando dolor y te vas a ver doloroso. Un alma que ha reconocido la bondad y misericordia de Dios, se trata bien así mismo, defiende sus ideales y coopera con Dios para beneficiar a la humanidad, acepta nada más lo bueno y la vida es buena.
La verdad: como terapeuta espiritual a veces considero ser demasiado flexible con mis clientas, ninguna historia me causa intriga moral y siempre trato de repetirles que se merecen lo mejor y que en las cartas no aparece sino sólo eso. Una persona que está buscando una relación amorosa, la atrae. Muchas veces oigo suspiros largos que dicen “Creo que nací para estar sola”. Me les quedó observando y lo único que puedo decirles es que la voluntad de Dios es perfecta y que Él no pondría en su cabeza un deseo si es incapaz de cumplirlo pero hay que dejar a un lado el cómo lo va a hacer porque todos sus caminos son sabios y sólo expresan un profundo respeto por nuestras elecciones. Lo mismo sucede con todos los deseos que se encienden en nuestros corazones, desde el más pequeñito, hasta el más grande provienen de Dios y sólo basta con admitir que no están ahí por casualidad sino porque los merecemos siempre y cuando no dañemos a los demás y se realicen en perfectas condiciones, bajo la gracia de Dios.
Recuerden que todo llega, tarde o temprano llega, es más, ya está aquí, la culpabilidad no es sino uno de los tantos horrores que debemos de eliminar. Y esto lo hablo refiriéndome a ti, no vamos a echarle la culpa a nadie, nadie tiene la culpa de nada, somos responsables de nuestras acciones. En cada acción existe una reacción. No hay verdugos, es más hay que eliminar la palabra de culpabilidad de nuestro vocabulario.
En cuanto a las víctimas, a las que se lamentan porque todo el mundo les quiere hacer daño. Dejen de creerse tan importantes. Todos estamos tan agobiados por nuestra propia persona que ni siquiera volteamos a ver otras existencias, bueno, hay gentes que acuden a vivir de la vida de los otros porque sus vidas quizá carecen de emociones fuertes. Todos estos son desvíos. La energía se esparce por todos lados y nunca llega a formar nada. Es tú decisión.
Estamos en luna menguante. El cielo apenas y está poblado por algunas estrellas. La luna menguante nos favorece para perdonarnos y perdonar a los demás, desvanecer aspectos que nos deprimen y limpiar nuestras mentes y emociones de manera que podamos desarrollar un crecimiento valioso durante la luna creciente.
Recuerda que mereces lo mejor, sin importar quién fuiste o qué proyectaste en tu pasado. Nadie va a mirarte pensando en qué daño hiciste o cuántas materias reprobaste o sí te acostaste con veinte hombres y cien mujeres. Gracias al cuerpo físico, eso no se nota, hasta que envejeces, mientras tanto puedes crearte una nueva existencia, un nuevo rostro, dignificarte y aprender a dignificar el reino de Dios dentro de ti.

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