De regreso…

¿Quién iba a pensar que desde hace dos años no recorro los laberintos que encierran las distintas deidades que están expuestas en esta página de Internet? La creación de la página tuvo mucho que ver con las verdades que quedan escondidas para muchos y que son temas de polémica para otros. Todos necesitamos creer en algo y la variedad son aquellas mansiones de donde se desprende la luz que es indispensable para vivir una vida sana, equilibrada, con respeto a la naturaleza y los seres que conviven en ella. Me retiré, no por falta de atención, no por falta de motivación sino quizá para valorar más los talentos que tengo a la mano. Había que aprender más. Una persona no puede hablar de una verdad a menos que tenga un poco conocimiento de ella, a menos que te rodees de personas que tienen relación con la materia. De ahí que mi recorrido fue largo. Dos años de travesía, dos años de instrucción, dos años de conocimiento, dos años de meditación, dos años de trabajo con los niños, dos años de trabajo con adultos de las más distintas religiones, dos años de empeño para valorar a Dios en un trabajo común y corriente, como lo es ser asistente de maestra. No existe nada más amoroso que contemplar la primera sonrisa de un niño, la primera tristeza de un anciano. Entre estos dos puntos, uno advierte a Dios, en el primero como inocencia viviente, en el segundo como inocencia sabia. Dicen que la vocación te llama. Que a quien se le dieron limones, que haga limonadas, a quien se le dieron naranjas, naranjadas. No puedo hacer una limonada cortando una naranja a la mitad y percibiendo el aroma y la sensación agria. No lamento el haber trabajado como asistente porque me abrió puertas, me dio señales de aliento, me mostró la veracidad de la enseñanza como un método donde todos nosotros podemos crear un cambio positivo en los niños, en las mentes absorbentes, en aquellos cerebros que no conocen la vida hasta que uno se las muestra y para demostrarlo hay que entrenarse en todo; desde el tono de voz, hasta el movimiento del cuerpo. No hablaré aquí de niños, aunque son materia importante para el libro que estoy escribiendo, eso no significa que aquí debemos de enseñar lo que más adelante se piensa mostrar. Conocí a mujeres que han perdido hijos de un modo natural. ¿Cómo exiliar el dolor de sus vientres, de sus corazones, de sus ilusiones acerca de la maternidad? ¿Diciendo que es la voluntad de Dios? Uno no puede poner a Dios dentro de una voluntad tan mezquina. A fin de cuentas las ilusiones Dios nos las obsequia. Las ilusiones que tenemos respecto a los demás es a veces una consecuencia del ego y el ego es engañoso. Tanto aquellas imágenes placenteras de amor y buena voluntad a los demás como aquellas de odio y resentimiento quedan plasmadas no sólo en la mente de quien las sujeta sino se vuelven cordones, hilos invisibles que van sujetando – tanto al ser a quienes se le envía como al emisor- el latido de vida hasta transformarlo en una máquina express, o mejor dicho en una telaraña que envuelve las motivaciones de ambos. ¿Quién es el culpable aquí? Nadie. Es imposible evitar que el espejo de la vanidad no llegue a empañarse. Somos humanos, y los únicos humanos que se salvan de ello son aquellos de origen asiático, los tibetanos, viven tan lejos del mundo, tan alejados, que sus meditaciones los llevan al nirvana, un nirvana que no existe en la existencia de los que convivimos con otros. Sé que suena injusto, más no podemos evitarlo, el único modo de enfrentarlo es quizá alejando de nosotros ese cotilleo continúo que nos lleva a imaginar que somos el centro del universo y que sin nuestra actuación nada ocurre. Siempre está ocurriendo algo. Aún al desconocer como nuestra conciencia se abre para admitir la curación del perdón, sabemos que existe algo más que el latido de nuestro corazón. Abrimos los ojos un día y somos diferentes. Al día siguiente surge otra realidad. Así vamos llevando y descargando una serie de conflictos para llegar a ser lo que Dios tiene planeado para nosotros; herederos de un reino de amor y de desapego.

El desapego es difícil. Al estar todos conectados resulta tarea de todos los días el tratar de vivir una vida sin preocupaciones, sin miedos, sin emociones que nos contradicen. La voluntad de Dios es que seamos, precisamente, seres despreocupados. ¿Qué si existe una fórmula? Ojala fuera algo matemático. Lo que he encontrado en mi camino es aceptar la sombra de uno. En el espíritu somos perfectos, más en nuestros cuerpos físicos – siendo aún perfectos por naturaleza divina, por ser una máquina que tiene trillones de células trabajando para crear un universo único- tenemos lo que mi querido vampiro Leonardo denomina; linaje. Vamos a denominar la realidad del vampiro bajo la falta de autenticidad que algunas películas y libros de ciencia ficción hablan. Todos hemos escuchado hablar de Lestat que fue convertido en vampiro sin su voluntad, de Edward el vampiro romántico que deseaba llegar virgen al matrimonio porque así su última vida lo enseñó. Vemos el vampiro más codiciado y al que todos queremos mucho; Vlad, el empalador, aquél conde que vivió muchos siglos atrás en Transilvania y se rebeló contra Dios por la muerte de su querida Erzabeta, misma que después sale a relucir con Bethany la condesa sedienta de sangre para conservar su belleza. Existen muchas versiones de vampiros; Inframundo, la reina de los condenados, los muchachos perdidos, en fin, son numerosos los títulos que nos dan sólo una vaga impresión de lo que una mitología sugiere. ¿Por qué el vampiro es una figura tan fascinante para unos y repulsiva para otros? ¿Quién no desea la vida eterna, ser joven para siempre, tener fortuna y garantizar un linaje donde los herederos sean siempre enriquecidos por una vida plena? Ese es nuestro legado. No podemos morir aunque quisiéramos. Citando a Einstein; la materia no se crea ni muere sólo se transforma y va a caer a donde el alma lo necesita para superarse. Constantemente nos llenamos del deseo del otro, de nuestros ancestros, de nuestros familiares. Dentro de una familia de vampiros todos tienen una conexión que es la mordida, la transformación de humano a bestia, de bestia a sabio. Vamos caminando por infinidad de hilos que al final se conectan hasta crear un linaje, mismo que debemos a aprender a respetar, a educar, a no lastimar. Todos estamos conectados. El color violeta es la vibración más alta de los colores, su duración es mínima, más la unión del rojo- la sangre, con el azul- la espiritualidad, dan una fuerte valoración transformadora a este color, de ahí a que es el elegido por los reyes, por la alteza, incluso por el mismo vaticano. Es transformar la sangre en un hilo de esperanza. Sí, ya sé los cardenales usan rojo.

Nuestros puntos de creación – desafortunadamente está ligado con la percepción que tenemos de los otros, con las relaciones de índole creativo, con nuestras creencias de los pensamientos ajenos, con nuestra receptividad a la hora de elegir pareja, en fin, no es un punto fácil de recreación, sino al contrario, así como las mujeres y los hombres se juntan para tener hijos, a veces nuestras ideas se unen para crear concepciones mentales que, en ocasiones, llegan a ser negativas y no siempre reales, están en los ovarios y la matriz – para las mujeres- en los testículos – para los hombres. Imaginar una luz de color violeta ayuda bastante. Si se tiene un paño del mismo color sería ideal. Este punto también es el acceso para superar adicciones y aceptar el perdón de los demás sin enjuiciarlos. Ahí es donde nuestro linaje se encuentra. En ese centro. Nosotros elegimos situar la vestimenta de hombre o de mujer y sufrir las consecuencias de nuestra elección sexual para conectarnos y redimirnos de algunas situación familiar vivida en el pasado, no siempre fue nuestro pasado, sino el pasado de nuestra propia sangre. Algún familiar nos necesitaba y decidimos actuar de acuerdo a la sabiduría ancestral que guardamos. Hay que recordar que no todas las creaciones son nuestras, no hay que juzgarnos por esas elecciones que hacemos, no sabemos a quién ayudamos porque en cada sufrimiento siempre existe la redención. En la culpa también existe la necesidad de un castigo. El sufrimiento no tiene que ser visto como una emanación errada de nuestro comportamiento, sino como una necesidad para explorar y extraerla de nosotros. De otra forma será difícil regresar a la unidad con nuestro espíritu y al final; con la reunión definitiva con Dios.

Esta semana es una semana interesante. Estamos en Luna creciente, en el signo de libra, lo cual trae influencias benéficas para el arte, para el equilibrio y los préstamos del gobierno. Al ser un signo de aire las ideas vienen y van de un modo más persuasivo que de costumbre. El incienso del mes. Mirra. La Mirra debe conseguirse en resina, quemarse con carbón especial para inciensos, encenderlo pidiendo protección. Es excelente para desvanecer energía negativa. Arroja mucho humo, por lo que se recomienda abrir las ventanas. En esta época donde el calor está cediendo a una temperatura más baja, es ideal abrir las ventanas, llevar el recipiente de atrás de la casa hacia delante. No sé necesita demasiada resina, con un poco basta, el aroma es vivificante. Si se teme al humo, puede adquirirse aceite de mirra 100% natural, situar unas gotitas en el difusor y experimentar el aroma. La mirra es excelente para problemas de la piel, escoriación – recuerda utilizarlo siempre con un aceite vehicular; sea de aguacate, almendras o coco.

Libro de la semana: Meditaciones metafísicas. Autor. Paramahansa Yogananda.

Color de la semana: Todos los tonos otoñales.

Piedra de la semana: Turmalina negra

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